ILO | Día Internacional de la Mujer

La historia del 8 de marzo está cruzada por situaciones y hechos que muestran un escenario más complejo y rico en acontecimientos marcados por la Primera Guerra Mundial, la Revolución Rusa, la lucha por el sufragio de la mujer, las pugnas entre socialistas y sufragistas, y el creciente auge del sindicalismo de las mujeres durante las primeras décadas del siglo XX en Europa, Estados Unidos y Latinoamérica.

La historia más popular tiene que ver con un incendio en una fábrica textil de Nueva York en 1857, donde murieron quemadas las obreras que hacían una huelga. Si bien no existen pruebas documentales de la existencia del incendio, investigaciones de historiadoras feministas confirman la realización de una marcha convocada en el mes de marzo por el sindicato de costureras de la compañía textil de Lower East Side, de Nueva York, que reclamaban una jornada laboral de 10 horas.

Diez años después, en 1867, también en el mes de marzo, tuvo lugar una huelga de planchadoras de cuellos de la ciudad de Troy, en Nueva York, quienes formaron un sindicato y pidieron un aumento de salarios. Después de tres meses de paro, las huelguistas se vieron obligadas a regresar al trabajo sin haber logrado su demanda.

También en marzo, pero en 1908, la historia del trabajo y la lucha sindical volvió a ser protagonista y abrió camino a lo que vendría después: 129 mujeres murieron en un incendio en la fábrica Cotton de Nueva York, luego que se declararan en huelga y con permanencia en su lugar de trabajo, entonces buscaban un salario igual al que ganaban los hombres frente a la misma actividad (ganaban entre un 40 y un 60% menos) y mejorar las condiciones de trabajo.

Los orígenes políticos del Día Internacional de la Mujer están ligados a los partidos socialistas de Estados Unidos y Europa, en particular al protagonismo de las mujeres del Partido Socialista Norteamericano que, desde 1908, instauraron unas jornadas de reflexión y acción denominadas Woman’s Day. La primera tuvo lugar el 3 de mayo de 1908, en el teatro Garrick de Chicago, con el objetivo central de hacer campaña por el sufragio y contra la esclavitud sexual, preámbulo para que el 28 de febrero de 1909 se conmemorara por primera vez en Nueva York el “Día Nacional de la Mujer”.

Con este antecedente, un año después, en 1910, durante la “Segunda Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas” reunida en Copenhage, Clara Zetkin, una reconocida representante del partido socialista alemán, propuso la creación de un Día Internacional de la Mujer. La propuesta fue aprobada por aclamación y se dispuso que ese día tuviera por objetivo impulsar el movimiento de defensa de los derechos laborales, políticos, sociales, culturales y económicos de las mujeres.

Finalmente en 1975, y coincidiendo con el “Año Internacional de la Mujer”, las Naciones Unidas celebraron el "Día Internacional de la Mujer", por primera vez, el 8 de marzo. Esta adhesión de la ONU llevó a varios países a oficializar este día dentro de sus calendarios.

Desde los comienzos del siglo XX a nuestros días, las mujeres hemos avanzado en conquistar muchos de nuestros derechos. Del derecho al voto al derecho a la educación, a la salud, a ocupar puestos jerárquicos, a participar de la vida política, etc. Estos importantes avances se han logrado gracias a la incorporación de legislación específica y a las medidas de acción positiva para garantizar la igualdad real de oportunidades y de trato entre varones y mujeres.

Sin embargo, a 110 años de aquella convocatoria a celebrar el Día de la Mujer, todavía hoy siguen existiendo desigualdades, discriminaciones y conductas violentas contra las mujeres que impiden avanzar en el desarrollo y la paz, y que limitan el goce y el ejercicio pleno de sus derechos.

Es sabido que hay una estrecha relación entre la cultura, los géneros y los derechos humanos, dado que existen usos y costumbres culturales que se vienen transmitiendo desde generaciones remotas y que agreden y vulneran los derechos humanos fundamentales de las mujeres, niñas y adolescentes.

Ya nadie niega, al menos públicamente, que vivimos en un sistema patriarcal, y que este sistema es el que genera la desigualdad entre mujeres y varones, dado que todo parte de una única visión, un solo modelo, un solo patrón: el varón, y de este modo se van forjando estereotipos y prejuicios que se naturalizan en nuestra cultura, que se mantienen en el tiempo y que ayudan a conservar esa desigualdad.

Aún hoy, hay cientos de miles de mujeres víctimas de la trata y el tráfico humano; trabajadoras que por idénticas tareas perciben salarios inferiores a los varones; mujeres con baja participación en los altos cargos donde se toman las decisiones importantes. La mayoría de los analfabetos en el mundo son mujeres y también ellas constituyen la mitad de la población del planeta que recibe menor cantidad de alimentos, de medicamentos y de atención médica. Más aún, la violencia con sesgo de género crece día a día y arroja cifras alarmantes de mujeres muertas como consecuencia de la violencia ejercida contra ellas, la que se agrava y se potencia en mujeres migrantes y refugiadas, como así también en situaciones de conflictos armados.

Consecuentemente, nos unimos a las celebraciones mundiales en ocasión de la conmemoración del Día Internacional de la Mujer e instamos a seguir trabajando en la promoción de prácticas más incluyentes y representativas, a fin de lograr una mayor participación de las mujeres en la vida política y social, como así también en la eliminación de la violencia de género y contra todas las formas de discriminación para alcanzar la igualdad real de oportunidades y de trato. Sólo así podremos vivir en sociedades más justas, inclusivas e igualitarias.

 

Fuente: Instituto Latinoamericano del Ombudsman – Defensorías del Pueblo (ILO)

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